Cibercrimen en Bolivia: las estafas digitales crece
Crecen los casos de cibercrimen en el país (image de Inteligencia Artificial)
Ya no hace falta un arma ni una emboscada en una calle oscura para cometer un delito. Hoy basta un teléfono celular, acceso a internet y una identidad falsa. En cuestión de minutos, un delincuente puede vaciar una cuenta bancaria, apropiarse de un perfil de WhatsApp o convencer a una persona de transferir dinero mediante una llamada que aparenta provenir de un banco, una empresa telefónica o incluso de un familiar.
El cibercrimen se ha convertido en una de las amenazas de mayor crecimiento en Bolivia. La expansión del comercio electrónico, las billeteras digitales y el uso masivo de redes sociales han abierto nuevas oportunidades para organizaciones criminales que perfeccionan constantemente sus métodos para engañar a sus víctimas.
Las cifras de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) muestran la magnitud del problema. Entre el 1 de enero y el 17 de julio de 2026, la plataforma "Bloquea la Estafa" recibió 16.821 denuncias por presuntos fraudes digitales.
Como resultado de las investigaciones, fueron bloqueados 13.516 teléfonos celulares identificados por su código IMEI y 10.846 líneas telefónicas utilizadas para actividades ilícitas.
De las denuncias recibidas, 9.374 fueron declaradas procedentes, mientras que miles continúan bajo evaluación o fueron descartadas por falta de evidencias. La Paz, Santa Cruz y Cochabamba concentran la mayor cantidad de casos reportados.
La modalidad más utilizada
El fraude que registra mayor crecimiento consiste en la suplantación de operadores de telefonía móvil. Los delincuentes llaman a las víctimas simulando ser funcionarios de empresas telefónicas y solicitan códigos de verificación enviados por SMS con el argumento de mejorar el servicio, actualizar datos o evitar el bloqueo de la línea.
Una vez obtenido ese código, toman control de cuentas de WhatsApp, redes sociales e incluso pueden acceder a servicios bancarios asociados al número telefónico.
La ATT recuerda que ninguna empresa de telecomunicaciones solicita por teléfono códigos de seguridad ni contraseñas personales.
Delitos coordinados desde las cárceles
Las investigaciones de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) han evidenciado que parte importante de las estafas continúa organizándose desde centros penitenciarios, especialmente desde el penal de Palmasola.
Los internos utilizan teléfonos celulares ingresados ilegalmente para realizar decenas de llamadas diarias haciéndose pasar por funcionarios bancarios, policías, familiares o vendedores. Mientras convencen a las víctimas para realizar depósitos, colaboradores en libertad retiran inmediatamente el dinero utilizando cuentas abiertas mediante terceros.
La permanencia de teléfonos móviles dentro de los recintos penitenciarios continúa siendo uno de los principales desafíos para las autoridades.
Bases de datos en el mercado ilegal
Especialistas en ciberseguridad advierten que el tráfico clandestino de información personal alimenta buena parte de las estafas digitales.
Nombres completos, números de cédula de identidad, teléfonos, direcciones y otros datos personales circulan en mercados ilegales de internet y son utilizados para construir engaños cada vez más creíbles.
Durante 2024 surgieron denuncias sobre la presunta comercialización de bases de datos vinculadas con la Gestora Pública. Aunque las investigaciones oficiales debían determinar el origen y autenticidad de esa información, el caso puso nuevamente en evidencia la necesidad de fortalecer la protección de datos personales en Bolivia.
Inteligencia artificial al servicio del fraude
La evolución tecnológica también beneficia a las organizaciones criminales.
La División de Cibercrimen de la Policía alertó sobre el uso creciente de inteligencia artificial para generar fotografías, voces e incluso videollamadas falsas capaces de imitar a familiares, funcionarios públicos o ejecutivos bancarios.
Estas herramientas incrementan la credibilidad de los engaños y dificultan que las víctimas identifiquen el fraude.
Redes criminales internacionales
El fenómeno trasciende las fronteras nacionales.
Investigaciones de Interpol y organismos de Naciones Unidas identifican organizaciones criminales instaladas principalmente en el sudeste asiático que administran verdaderos centros de operaciones dedicados exclusivamente a cometer estafas digitales en decenas de países.
Estas redes utilizan falsas inversiones, ofertas laborales inexistentes, relaciones sentimentales fraudulentas ("romance scams"), ventas por internet y plataformas de criptomonedas para ocultar el dinero obtenido ilegalmente.
Bolivia tampoco escapa a estas campañas internacionales, que llegan diariamente mediante redes sociales, aplicaciones de mensajería y llamadas telefónicas.
Marketplace, el escenario favorito
Facebook Marketplace, Instagram y grupos de WhatsApp concentran gran parte de las denuncias por ventas falsas.
Los delincuentes publican vehículos, motocicletas, celulares o electrodomésticos, vuelos aéreos en las rutas nacionales e internacionales a precios muy inferiores al mercado y solicitan un anticipo para reservar el producto. Después de recibir el depósito desaparecen sin dejar rastro.
Las autoridades recomiendan verificar personalmente los productos, desconfiar de ofertas demasiado atractivas y evitar transferencias anticipadas a personas desconocidas.
Un desafío creciente para el Estado
Aunque Bolivia dispone de unidades especializadas de investigación informática dentro de la FELCC y de mecanismos preventivos impulsados por la ATT, los investigadores reconocen limitaciones en personal especializado, equipamiento tecnológico y coordinación con entidades financieras para rastrear rápidamente el dinero obtenido mediante estafas.
El crecimiento acelerado de las denuncias demuestra que el cibercrimen evoluciona con mayor rapidez que la capacidad institucional para enfrentarlo.
Mientras la tecnología continúa transformando la vida cotidiana, también modifica la forma de delinquir. Hoy el principal riesgo ya no está únicamente en las calles: también puede llegar mediante una llamada telefónica, un mensaje de WhatsApp o una oferta aparentemente irresistible publicada en Internet.
Autor
Nelson Martínez Espinoza
Equipo editorial y de investigación de Código Abierto Bolivia. Comprometidos con la verdad y la transparencia.
